
Luego de las pertinentes puteadas a LQS, rescatamos el "emilio" y contactamos a Guillermo, a quien dábamos por extraviado armando bardo entre los indignados y pudimos, bajo promesas de compensaciones gastronómicas sibaríticas cuando ande por estos pagos, convencerlo de que siga enviándonos sus pareceres futboleros desde la patria de Manolete, el torero de la rima chabacana.
A continuación el envío original de Guillermo, el que trasciende el análisis de los clásicos por venir y se mete con los estilos de cada uno y sus diferencias.
Vale, como dicen los gaitas. Vale, sobretodo porque Messi la sigue metiendo y mantiene vigente todo lo que escribió Guillermo allá por abril.
El título es invento mio
Salute
Kurkurrucho
Encuentro de gaitas
Nota de Guillermo, desde España
Como inevitablemente sabrán, se nos vienen semanas tremendas aquí en tierras españolas, por los cuatro clásicos que se avecinan y con todo en juego en ellos, copando la atención futbolera me atrevería a decir qué mundial.
Cuatro encuentros en dieciocho días que se presentan, además, en estricto orden de importancia: primero, este sábado, el de una Liga que se da incluso en ámbitos madridistas como casi imposible para los blancos; luego, el miércoles próximo, la final de Copa en campo del Valencia, torneo siempre considerado menor, pero que se ve realzado por el clásico en la final. Y, para cerrar el ciclo, los dos partidos de Champions League, el primero el 27 de abril en el Bernabéu y el cierre el 3 de mayo en el Camp Nou.
El partido de Liga del sábado no deja de ser un simple aperitivo. Si bien la Liga es una competición mucho más valorada que la Copa del Rey, este año los mismos madridistas la dan por casi perdida y hasta es de esperar que los equipos no presenten sus alineaciones estrictamente titulares. Un poco por no arriesgar a lesiones y/o expulsiones, otro poco por no dar pistas para los siguientes clásicos, y otro poco más ―y quizás el más importante― para evitar el impacto que sería perder el primer partido de la serie con la alineación titular.
El partido de Copa, además de ser una ocasión estupenda para cualquiera de los dos de dar un puñetazo sobre la mesa de cara a los de Champions, dejará un campeón festejando ante el eterno rival, condimento que no tiene el partido de Liga. Tampoco el de Champions, pero por estos pagos se presume que el que pase a la final será campeón de ese torneo.
En estos clásicos, además, se dirimen varias batallitas que la prensa arma y de las que el público se hace carne: Mourinho versus Guardiola y Cristiano Ronaldo versus Messi, principalmente. Casillas versus Valdés, en segundo plano.
Pero también la gran batalla de los dos equipos encierra otra que señalaba Dante en un artículo de hace tiempo, aquí mismo: el Barcelona y el Madrid como modelos o, como dicen aquí: “cantera versus cartera”, o sea: el modelo de armar los equipos en las inferiores y el de armarlos a base de fichajes millonarios.
Y también el duelo entre Mourinho y Guardiola encierra el de dos estilos de fútbol, básicamente uno más directo y que por muchos momentos cede la posesión de la pelota para optar por el contragolpe, y otro de toque y posesión casi constante.
Trataré de ir analizando todo esto de aquí al sábado y de transmitir también cómo se vive la previa en España, o al menos en Madrid que es donde vivo.
Dos estilos de juego
El Madrid ha ido dando bandazos tácticos en los últimos años, dependiendo del entrenador de turno. Más parecido el de “Juande” (Juan de la Cruz) Ramos, de hace dos años, que el de Pellegrini en el estilo de juego al de Mourinho. Pero, curiosamente, cuando Vicente del Bosque reemplazó a Toshack en 1999, ya comenzó a jugar descaradamente al contraataque la mayoría de sus partidos de visitante. Antes de eso, el Madrid, como el Barça, salía a dominar en todos los campos, nunca a esperar.
El Barça, por el contrario, lleva un mismo esquema de juego desde hace más de dos décadas y se basa en la posesión del balón. Desde el ingreso de Cruyff como DT, todas las categorías inferiores del club se entrenan y juegan el 3-4-3. Pero no es tan esencial quizás ese esquema como lo de jugar con el balón. La idea básica del “flaco”, era: “mientras tú tienes la pelota, el rival no te puede meter un gol”. El Barça hace algo parecido a nuestro juego de “el loco”: varios en ronda que tocan lo más rápido que pueden, mientras otros tratan de recuperar la pelota. El “rondo”, le dicen por aquí. El equipo toca y toca, y si no lo ve claro vuelve la pelota atrás, al mediocentro, hasta que se abran espacios en el adversario. Esto se ha llevado a la perfección y se hace por momentos al primer toque.
El Madrid de Mourinho juega en un estilo muy frontal y directo, tratando de plantarse cuanto antes frente al área rival, lo que no quiere decir que juegue todo el tiempo al pelotazo largo: mayormente trata de llegar a través de dos o tres pases rápidos o bien por transportes largos de sus jugadores más veloces: Ronaldo y Di María o, en menor medida, por las subidas de Marcelo y Sergio Ramos por las bandas. Es un equipo que se siente muy cómodo a la contra y una vez que ha cobrado ventaja, redondea goleadas de esta forma. Cuando no tiene el balón, mayormente deja venir al equipo contrario para recuperarlo en su propio campo y salir en velocidad. No hace de la posesión un objetivo en sí mismo, sino que la usa para llegar rápido al área rival. Es un equipo mucho más letal arriba que el Ínter de Mourinho, pero menos compacto defensivamente. Probablemente porque los jugadores que van fichados a la liga italiana saben que hay que sacrificarse en todo el campo, mientras que los que vienen al Madrid lo hacen con una mentalidad más de “venir a brillar”. El mediocampo del Madrid no roba balones en la misma medida que lo hacía el del Ínter. Por ello, Mourinho a veces recurre al doble cinco, acompañando a Xabi Alonso con Khedira o Lass, y a veces hasta triple, con ambos a la vez, como en el segundo tiempo ante el Barça el día del 5-0.
El Barça de Guardiola hace de la posesión un ritual y la utiliza para varios fines. Por un lado, para tomarse el tiempo en la búsqueda de espacios. Por otro, para desgastar mental y físicamente al rival que debe correr tras la pelota. Pero también lo usa activamente para crear espacios. Por ejemplo: moviendo lateralmente la pelota, obliga a bascular al equipo contrario a izquierda y derecha hasta que se producen desajustes; o triangula por sectores en los que crea superioridad numérica y atrae hacia allí rivales para luego salir velozmente de esa zona hacia los espacios creados. La posesión es esencialmente eso: una máquina de crear espacios. Y, por otro lado, el arma defensiva más fuerte del Barça: como esta posesión se ejecuta mayormente en el campo contrario, el rival queda encerrado defendiendo en su campo, de modo que cuando recupera y quiere salir se encuentra con sus atacantes muy retrasados y un desorden manifiesto entre sus líneas. El Barça, además, presiona inmediatamente allí arriba sobre la pérdida del balón y es muy frecuente que recupere al instante.
Dos maneras de ver el fútbol, como se ve, muy distintas, pero ambas ambiciosas, al menos de cara al resultado.