Uno, con la fortaleza y seguridad que da ser local en la mística Bombonera, el otro como visita, como invitado a una fiesta casi ajena.
Boca llega de la mano de su experimentado coach, múltiple ganador, record invicto con la selección nacional, entrenador de innumerables cracks, empezando por el mejor de todos los tiempos, Diego Armando Maradona. Exponente acabado de un estilo de fútbol ganador.
Plagada su plantilla de estrellas internacionales, como los seleccionados paraguayos Morel y el back central Cáceres, preservativos de la enjundia guaraní e insustituíbles protagonistas del próximo mundial.
Y su arquero mundialista, cada vez mas mesurado en su estilo, cada vez más contenido, casi un minimalista del puesto.
O el goleador record de la historia xeneize, que superadas las marcas ajenas, ha comenzado a superar las propias, tal como ocurriera la fecha pasada.Verlo jugar, desplazarse en el campo de juego, augura que todavía seguiremos viendo más muestras de la actualidad del eterno Titán, quien cual tronco petrificado en parque arqueológico resiste el paso del tiempo, incólume dentro de su camiseta número 9. Todo un ejemplo.
Qué decir de San Lorenzo, casi en las antípodas de este Boca, que apostó al tradicionalismo de Basile y su 4-3-1-2, mientras el santo jugó todas sus cartas a una de las nuevas estrellas del firmamento futbolístico.
Es Simeone, quien seguramente está llamado a revolucionar el campo estratégico del fútbol del futuro.
Enfundado en sus trajes Armani, con su corte piloso de última moda, con el soporte técnico de la lucidez y el aplomo de Vivas, Diego le ha impreso a cada uno de los equipos que dirigió esa característica técnica tan propia de su pasado futbolero, esa categoría de juego tan sutil y exquisita que a muchos, quizás a la mayoría, les cuesta reconocer. Sus innovadoras variantes tácticas confunden tanto a propios como a extraños, y no por eso dejan de serlo, para unos y otros (?)
También en lo institucional, San Lorenzo ha mostrado una alternativa superadora y, quizás el tiempo lo pruebe, terminal.
Su presidente Sabino ha sabido conducir delegando. Intuyó como pocos la visión futbolera de quien desde la humildad de su rol mediático ha construido en base a talento, creatividad y rara fineza un éxito tras otro.
Y Marcelo Tinelli, que de él se trata por si alguien aún no se anotició, desde su desinteresado aporte le brindó a este equipo las mismas características estéticas y diríamos, casi artísticas, que a sus tan festejados "rompé pepe" o "bailando en un caño".
Formado en la escuela dirigencial europea, proyectando, insospechadamente o no tanto, al ignoto Badajóz a la primera plana de Clarín y del noticiero de Telefé, aquilató la experiencia y el conocimiento que se detecta en la impronta que le ha dejado a este equipo con los jugadores incorporados.
La luminosidad de Marcelo sumada al carisma del Cholo atrajeron a innumerables figuras que han ido dejando su marca en el club. Estas marcas, en números, se reflejan claramente a poco que cada uno haga o repase el balance de esta gestión.
Quienes ya no están como Dalessandro, Bergessio, Solari o quienes siguen ofreciendo sus juegos de artificios plagados de humo y color , como el burrito Rivero o Bottinelli, han hecho de este San Lorenzo lo que es hoy.
Un equipo dinámico y versátil donde bien pueden jugar de delanteros el Papu y Romeo o podrían hacerlo Tití y Ricardo Fort sin que el funcionamiento cambie.
O bien mañana, si el Chaco Torres bailara en el caño y Pachano apareciera con la 5, los hinchas apenas percibirían una diferencia en la estética algo más fashion de Pachano, pero la organización táctica y estratégica impuesta por el Cholo disimularía el cambio de jugador.
Tal es la dinámica de conjunto que Diego le dá a sus equipos, que sus componentes van y vienen sin rumbo y sin embargo no se nota.
Estas y otras variantes tácticas-empresariales se han visto en el santo, todo es posible en este universo de fantasía, estrategia, serpentina y táctica de Diego y Marcelo.
Como decíamos al inicio, así llegan Boca y San Lorenzo a esta definición, acostumbrados a estas situaciones, plagados de estrellas, con sus hinchas hartos de tanto fútbol, hartos.
Otro final con protagonismo de los grandes, por más que la anecdota chiquita coloque en la punta a Banfield, que visita a Boca, con dos puntos de ventaja sobre Ñuls.
Este Ñuls, segundo que recibe al cuervo. Pero Banfield y Ñuls son equipos menores, defensivos, donde juegan uruguayos que hacen goles pero no se tiñen el pelo, ni son amigos de periodistas, ni bailan en el caño. Que están ahí ayudados por árbitros y la AFA.Y el gobierno, para acercarse a Binner y a Duhalde. Pura política y manipulación.
Aún cuando uno de los dos sea el campeón, y posiblemente ambos representen a la Argentina en la próxima libertadores, aún así, para nosotros (los sacrosantos medios) los protagonistas son otros, los grandes, los que realmente venden.
Boca-San Lorenzo, San Lorenzo-Boca, el fútbol grande de la Argentina envasado en frasco chico, apenas útil como aderezo... y colados en la fiesta de otros. Toda una imágen de la decadencia.




