Boca-River o River-Boca, mal que le pese al resto, marcan el ritmo y el humor en el futbol local.Puede Vélez ser el mejor equipo, Lanús un club ordenado o EDLP mantener una línea de gestión consistente y prolija que los diarios y la gente hablaran el lunes de los resultados, y mucho menos del juego, de los dos grandes.
Este campeonato los recibía a ambos en situaciones parecidas por lo pobre de los antecedentes inmediatos, agravados en el caso de River por un promedio actualmente bajo y en Boca por la potencialidad de una situación similar si no mejoraba sus números.
Pasaron tres semanas y la situación de uno y otro es inesperadamente diferente. Aunque en juego o desarrollo las diferencias no parecen tan claras, la noche de Boca y el amanecer de River contrastan claramente en los números.
Ahorrándonos saliva para explicar nuestra opinión, dejamos que la nota de Trenado en La Nación hable por nosotros.
Bien que lo hace.
El momento para confiar en Borghi
Juan Manuel Trenado
LA NACION
"Cappa no es un técnico para este momento de River." La sentencia la pudo haber dicho cualquier futbolero hace unos meses, cuando Daniel Passarella tomó la riesgosa decisión de contratar a un entrenador al que le gusta hablar más de ideas que de sistemas de entrenamiento y les escapa a los chalecos lastrados. "¡River está comprometido con el promedio!", gritaba el saber popular.
"Borghi no es un técnico para el exigente mundo de Boca." No me digan que no se lo escucharon decir a más de una persona cuando Jorge Amor Ameal asumió la responsabilidad de designar a un técnico demasiado simple para el rabioso sentimiento xeneize.
En el triunfo, la apuesta de Passarella ya no parecerá tan arriesgada. Pero es probable que en la derrota la jugada de Ameal parezca una locura absoluta. Desde hoy mismo se dictarán sentencias con los resultados puestos de apenas tres fechas.
En el fondo, el fútbol se sigue riendo de todos nosotros. River jugó dos primeros partidos en los que dejó muchísimas dudas y se llevó dos triunfos con lo justo (1-0 a Tigre y a Huracán). Seis puntos que apuntalaron el ánimo y lo empujaron a jugar un poco mejor ayer. Y no nos vamos a poner a explicar ahora que todavía está lejos de ser un buen equipo el de Cappa. Para el tablón no hace falta, porque tiene nueve puntos. Eso es más que suficiente.
En cambio Boca... Ésa sí que es una historia diferente. A Matías Giménez se le escapó una pelota en Mendoza y le costó dos puntos (1-1 con Godoy Cruz). Yacob hizo un gol en offside y a Clemente se le escapó otra pelota en la Bombonera y la pérdida fue de tres puntos contra Racing (1-2). La defensa que plantó Borghi (acá no importa si fue con tres, con cuatro o con los 11) no fue un desastre. Funcionó bastante bien en esos dos primeros partidos. Pero obtuvo sólo un punto. Y eso, para nosotros, es un pecado.
Para la tercera fecha la suerte le jugó en contra. Un par de malos resultados y encima las lesiones. Y el estado de ánimo se desinfló. Fue otro empujoncito para que Boca sí, ante All Boys, jugara un muy mal partido.
¿River y Boca son tan distintos futbolísticamente hoy por hoy? Hay una respuesta fácil para esa pregunta: 8 puntos de diferencia. Y hay una más compleja, que debería repasar trabajos, proyectos, situaciones y observar los partidos, las acciones que resolvieron cada uno de los seis resultados en cuestión.
No hay mejor momento que éste para apoyar a Ángel Cappa en River. Y no hay mejor momento que éste para apoyar a Claudio Borghi en Boca.
Ocho puntos en un torneo corto parecen establecer una diferencia abismal. ¿Hay tanta diferencia entre uno y otro? Seguro que no, pero qué difícil es entenderlo.





