La selección argentina no es la selección del futbol argentino. Al menos no lo es, entendida como verdadera representación de la realidad del futbol argentino.
Asumir que esta selección, un rejuntado de 20 jugadores que juegan mayoritariamente en Europa, algunos de los cuales nunca jugaron o solo lo hicieron algunos meses en el futbol local, representan al futbol argentino es un error de razonamiento que conducirá inevitablemente a evaluar y sacar conclusiones erróneas.
Conducirá a un análisis donde posiblemente reciban una cuota de responsabilidad que, al menos en la representatividad no les cabe.
Veinte jugadores que entrenan en canchas perfectas, concentran poco y en lugares 5 estrellas, viajan en condiciones optimas y están rodeados de una infraestructura y una logística del futuro no pueden ser considerados como representantes de un futbol donde los campos en los que se juega son potreros, donde el 90% de los contratos se adeudan, donde los visitantes no pueden asistir a la cancha o pueden hacerlo en cuentagotas por problemas de seguridad, donde los cuerpos colegiados de decisión y manejo dirigencial en los hechos son unipersonales , tanto en la AFA y como casi todos los clubes, donde referis, dirigentes y jugadores se subordinan a los mandatos de la única autoridad sobreviviente de la última dictadura.
Esos 20 pibes, con 11 dentro de la cancha vestidos de celeste y blanco solo se representan a ellos mismos y al sentimiento de la gente. Y a sus sponsors y clubes.
Cargarles otra representatividad es injusto.
Tienen el mismo significado de representación nacional que una escarapela o el mate o el asado de tira.
Quizás menos.
Hacerlos símbolos, representación del futbol argentino, cargarles sobre sus espaldas a los clubes fundidos, los muertos, las denuncias de sobornos, los periodistas venales, a TyC, a Olé, a Niembro, a Grondona, a Di Zeo, a Macri, a Closs, a Bilardo, y todo lo que compone(o descompone) al futbol local …es al menos injusto.
El primer error, entonces, en el análisis de la actuación de "nuestra selección" en el mundial es reconocerla como representación del futbol argentino. Error y torpeza.
Para jugar el mundial se formó un equipo que no representaba al futbol argentino. Por suerte.
Si así hubiese sido, si se armaba un equipo realmente representativo, los resultados hubiesen sido mucho más vergonzosos.
Imaginemos un plantel con todos Garcés o Palermos, con ese grado de competencia, preparación y resto físico, concentrados en lugares con campos de juego como los del interior o la B metropolitana, viajando en ómnibus como en el Nacional B, juntándose 2 días antes, sin utilería o con utilería limitada.
Dirigidos tácticamente por Maradona y Mancuso, preparados fisicamente por Signorini, contenidos por Bilardo.
Imaginemos esta situación de la que sí sería la “Selección Nacional” .
Y pensemos como podría haberle ido.
La presencia de jugadores de la elite, con las exigencias y auditoría de sus clubes y sponsors hizo que se los tratara diferente a lo que hace el futbol argentino cotidianamente con los jugadores locales.
Las previsiones en la organización, los lugares de alojamiento, los traslados fueron acordes a lo que esos jugadores de elite merecen y que sus “dueños” exigen. No representan nuestra realidad.
La verdadera cara de la selección que representa cabalmente al futbol argentino es la que deambulo en amistosos impresentables por el interior del país, jugando en canchas inhóspitas, en fechas improcedentes, convocando a infinitos jugadores, los que quedan, lo que hay, porque los mejores ya se fueron y no son “prestados” para estos mamarrachos simulacros de partidos internacionales.
Lo que verdaderamente representó al futbol argentino en el mundial, a nuestro futbol real y cotidiano es el técnico.
Maradona es el representante cabal de nuestra realidad futbolera.
Sin requerimiento de formación ni antecedentes, carente de cualquier capacidad como conductor que no apele a lo esotérico o a lo voluntarista.
Maleducado, prepotente e incapaz.
Rodeado de un sinnúmero de inútiles adulones, familiares y amigos.
Sin una pizca de autocrítica o vocación de aprendizaje.
Un decálogo de lo que en cualquier ámbito racional o profesional se pondría como ejemplo de lo que NO hay que hacer.
Y también son fieles representantes del futbol argentino el resto de la comparsa
- Mancuso algo asi como el asistente principal del DT. Un ex-jugador con participación poco transparente en negocios asociados al futbol, sin formación ni experiencia en manejo de grupos o dirección técnica de equipos.
- Bilardo, un manager o director general de función decorativa, anacrónico y delirante, absorvido por la lucha interior entre sus antiguas obsesiones y la senilidad indisimulable que lo agobia.
- Un preparador físico que cuando lo golearon en La Paz, descubrió los efectos mortales de la altura.Casi sin antecedentes en cargos similares, con mas aspecto de vivillo transnochador que de cultor de la salud y la vida sana, seriamente cuestionado a la luz de la respuesta física del plantel.
- La corte de dirigentes alcahuetes del poder a los que se les compra la complacencia con un par de pasajes y estadía paga. Inútiles e incapaces de conducir la delegación y marcar límites.Dirigentes cuyo objetivo es pasear, congraciarse cholulamente con los figurones de turno y acomodarse lo mejor posible a la situación.
- El periodismo “acreditado” más ocupado en tomar parte en internas conventillescas o en promover negocios que les deje comisiones que en informar y formar.
- Ruggeri, Tapia, Fantino funcionando a modo de barrabravas periodísticos refutando desde la descalificación cualquier comentario disonante respecto a la actuación del equipo mientras duró el humo de los resultados.
- La patota oficial de barrabravas, disfrazada de hinchas caracterizados, que cobijados en una u otra corriente política ostentó obscenamente la impunidad de hacer lo que se le canta transmitido por las cámaras de los medios asociados al negocio casi con orgullo patriótico.
Hagámonos cargo que esta menesunda es nuestro futbol y no la lista de 23 tipos, casi todos ajenos y pocos cómplices del circo cotidiano.
La responsabilidad de estos pibes habrá que buscarla en no haber podido enderezar, a fuerza de talento todo el delirio del entorno,no haber sido capaces de disimular a golpes de gambetas y goles, el cambalache general tal como se ha hecho en otras ocasiones.
Será quizás porque el cambalache ha adquirido tal dimensión que ya no hay gol a los ingleses que lo tape .
O será porque el talento disponible no es tanto y ya no alcanza para ventilar el olor a podrido que genera el decadente futbol local.
Empezar a entender esto será fundamental para prepararnos para lo que viene.
Ya que no hay ninguna señal de cambio.
Al contrario, al desmadre histórico generado por los dirigentes, los representantes, el periodismo y todo el resto del circo futbolero de siempre, ahora (una vez mas y van) hay que sumarle la indisimulada injerencia de la política.
No hay ningun indicio que aliente algún cambio, ni dirigentes con intenciones renovadoras, ni politicos con ganas de cambiar la historia, ni una sociedad que condene el manejo de estos asuntos.
Pura intencionalidad y conveniencia.
Ventajerismo y acomodo.
Todo parece encaminarse a profundizar en lo peor de lo que hoy se tiene.
Todo pasa es el mandamiento de la religión futbolera dominante.
Único y absoluto.
Será con Maradona o traerán otro. Mas prolijo, menos histriónico o con mejor discurso.
Se convocará a los mejores jugadores y se alquilarán algunos periodistas para que hablen del cambio y las “reformas estructurales”
Todo será nada mas que maquillaje para tratar esconder las heridas, cicatrices y marcas indelebles que el deforme futbol local ya no puede disimular.
Alguna vez alguien dijo que no, pero la pelota huele tan mal que sospechamos con qué pudo haberse manchado.
Salute.
